❣️AMOR EN UNA LATITA DE LECHE❣️

❣️AMOR EN UNA LATITA DE LECHE❣️

LUCAS 6:21

“Bienaventurados los que ahora tienen hambre porque serán saciados.

“Bienaventurados los que ahora lloran porque reirán.

(RVA’15)

Dos hermanitos en puros harapos, provenientes de un barrio marginado, uno de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las casas de un barrio de clase alta.  Estaban hambrientos:

✘ Vayan a trabajar y no molesten, se oía detrás de la puerta.

✘ Aquí no hay nada pordioseros, decía otro.

Las múltiples tentativas frustradas entristecían a los niños.  Hasta que, por fin, una señora muy atenta les dijo:

  • Voy a ver si tengo algo para ustedes. 

¡Pobrecitos, tienen hambre, pensó! y volvió con una latita de leche.

¡¡¡Qué fiesta!!!  Ambos se sentaron en la acera. El más pequeño le dijo al de diez años:

  • Tú eres el mayor, toma primero, y lo miraba con sus dientes blancos, con la boca medio abierta, relamiéndose.

Desde la distancia yo contemplaba la escena como tonto.  Si vieran al mayor mirando de reojo al pequeñito, se lleva la lata a la boca y, haciendo de cuenta que bebía, apretaba los labios fuertemente para que no le entrara ni una sola gota de la leche.  Después, extendiéndole la lata, le decía a su hermanito:

  • Ahora es tu turno, sólo un poquito.

Y el hermanito, dando un trago exclamaba:

  • ¡Ahhhh Está sabrosa!
  • Ahora yo, dice el mayor. 

Y llevándose a la boca la latita, ya medio vacía, no bebía nada.

Ahora tú, Ahora yo, Ahora tú, Ahora yo…

Y después de tres, cuatro, cinco o seis tragos, el menorcito, de cabello ondulado, barrigoncito, con la camisa afuera, se acababa toda la leche él solito.  Esos “ahora tú”, “ahora yo” me llenaron los ojos de lágrimas.  Y entonces, sucedió algo que me pareció extraordinario:

El mayor comenzó a cantar, a danzar, a jugar fútbol con la lata vacía de leche.   Estaba radiante, con el estómago vacío, pero con el corazón rebosante de alegría.  Brincaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario o aún mejor, con la naturalidad de quien está habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles la mayor importancia. (Anónimo)

De aquel muchacho podemos aprender una gran lección:

¡¡¡Quien da es más feliz que quien recibe!!!

Es así como debemos amar, sacrificándonos con tanta naturalidad,

con tal elegancia, con tal discreción, que los demás ni siquiera puedan

agradecernos el servicio que les prestamos

¿Cómo podrías hoy encontrar un poco de esta «felicidad» y hacer la vida de alguien mejor, con más gusto de ser vivida?

¡Adelante, levántate y haz lo que sea necesario! 

Cerca de nosotros puede haber un amigo que necesita de nuestro hombro, de nuestro consuelo y quizás aun más, de un poco de nuestra paz.

HECHOS 20:33-35

Yo nunca he codiciado la plata ni el oro ni la ropa de nadie.

Ustedes saben que mis dos manos han trabajado para satisfacer mis propias necesidades e incluso las necesidades de los que estuvieron conmigo.

Y he sido un ejemplo constante de cómo pueden ayudar

con trabajo y esfuerzo a los que están en necesidad.

Deben recordar las palabras del Señor Jesús:

“Hay más bendición en dar que en recibir”.

(NTV)

Un Abrazo, Dios te bendiga y te guarde, haga resplandecer su rostro sobre ti,

y tenga de ti misericordia; y permita que prosperes en todas las áreas de tu vida,

y derrame sobre ti muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, Salud

y mucha Prosperidad

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