DEBEMOS IR

DEBEMOS IR

JUAN 20:19-23 Ese domingo, al atardecer, los discípulos estaban reunidos con las puertas bien cerradas porque tenían miedo de los líderes judíos. De pronto, ¡Jesús estaba de pie en medio de ellos!

  • La paz sea con ustedes, dijo.

Mientras hablaba, les mostró las heridas de sus manos y su costado. ¡Ellos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor! Una vez más les dijo:

  • La paz sea con ustedes. Como el Padre me envió a mí, así Yo los envío a ustedes.

Entonces sopló sobre ellos y les dijo:

  • Reciban al Espíritu Santo. Si ustedes perdonan los pecados de alguien, esos pecados son perdonados; si ustedes no los perdonan, esos pecados no son perdonados. (NTV)

Porque Jesucristo vino, nosotros, sus verdaderos discípulos seguidores, debemos ir.

¿Puede usted imaginar la impresión de los discípulos cuando Jesús se les apareció?

Después de días de estar escondidos temiendo por sus vidas y lamentando la pérdida de su Maestro, los seguidores de Cristo quedaron atónitos al verlo de pie ante ellos en una habitación que estaba cerrada con llave. Como si el impacto que les causó su aparición no hubiese sido suficiente, les hizo la siguiente declaración:

  • Como el Padre me envió a mí, así Yo los envío a ustedes. (Vs.21).

El peso de esas palabras debió haberles parecido abrumador. Después de 3 años de escuchar a Jesús hablar de su propósito Divino, ahora los discípulos recibían un encargo semejante. Así como el Padre había enviado a Jesús, Él los estaba enviando ahora al mundo para extender el evangelio, sanar a los enfermos, servir a los necesitados y glorificar al Padre Celestial.

Muchos cristianos leen este pasaje, y piensan: “Me alegro de no haber estado allí para recibir esa ‘orden de movilización’”. Pero ¿sabe una cosa? Sí estaba. Esa habitación no albergaba solo a los once apóstoles restantes. Lucas 24:33 dice que otros seguidores “estaban con ellos”. De modo que, cuando Jesús dijo en Juan 20.21: “Así también Yo los envío”, estaba hablando a todo el cuerpo de creyentes.

El mandato de Jesús de hacer discípulos “de todas las naciones” (Mateo 28:19)

es una tarea demasiado grande para un puñado de personas, es un llamado para que cada creyente, de cada país y en cada generación, acepte la misión nuevamente

¡¡¡Cristo le está enviando a algún lugar con un propósito!!!

Y usted… ¿Está listo para ir?

CONFESIÓN DE FE:

COMO DISCÍPULO SEGUIDOR DE JESÚS DEBO IR A LA MISIÓN, POR ESO COMPARTIRÉ EL EVANGELIO DE LA SALVACIÓN, HACIÉNDOME SENSIBLE A LA NECESIDAD DEL MUNDO Y OBEDIENTE A LA GRAN COMISIÓN QUE JESÚS ME ENCOMENDÓ.

ORACIÓN:

Dios y Señor mío, Jesucristo, El Yeshuati, Dios de mí Salvación (Isaías 12:2). Amado Dios y Señor nuestro, Jesucristo, Adonai, Rey de reyes y Señor de señores, Tú mismo eres la fuente de salvación y quieres salvar a tu creación; es por eso por lo que cada individuo debe personalmente conocerte como “el Dios de su Salvación”; yo estoy consciente de eso y por lo tanto me propongo, como estilo de vida, predicar tu Evangelio, ir a llevar las buenas nuevas de salvación a todo aquel que no te conozca y que seguro necesita de Ti. Gracias, mi Señor y Salvador Jesucristo por darme la oportunidad de servirte obedeciendo “La Gran Comisión” a la que me has llamado; he orado en tu Poderoso Nombre ¡Amén!

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