Carrera 27 # 82 - 56 Barrio El Polo, Bogotá

LAS BENDICIONES

LAS BENDICIONES

EFESIOS 1:3-14 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. Asimismo, nos escogió en Él desde antes de la fundación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó por medio de Jesucristo para adopción como hijos suyos, según el beneplácito de su voluntad, para la alabanza de la gloria de su gracia que nos dio gratuitamente en el Amado. En Él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, según las riquezas de su gracia que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría y entendimiento. Él nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, según el beneplácito que se propuso en Cristo, a manera de plan para el cumplimiento de los tiempos: que en Cristo sean reunidas bajo una cabeza todas las cosas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra. En Él también recibimos herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que realiza todas las cosas conforme al consejo de su voluntad, para que nosotros, que primero hemos esperado en Cristo, seamos para la alabanza de su gloria. En Él también ustedes, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído en Él, fueron sellados con el Espíritu Santo que había sido prometido, quien es la garantía de nuestra herencia para la redención de lo adquirido, para la alabanza de su gloria. (RVA’15)

♥ De las grandes y maravillosas bendiciones de Dios para sus hijos.

Todos experimentamos momentos dolorosos en la vida, y lamentablemente, a veces llegamos a sentir como si Dios no estuviera bendiciéndonos, pero la realidad es que aun en momentos como esos, experimentamos muchas de sus maravillas.

A continuación, hay varios ejemplos de esas bendiciones:

1.     Tenemos la seguridad de que nuestro todopoderoso Dios nos escogió antes de la fundación del mundo (Vs.4). Nos predestinó como sus hijos (Vs.5). Podemos sentirnos especiales y queridos, porque el Soberano del universo nos eligió.

2.    Jesús hizo posible nuestra salvación por medio de su muerte y resurrección (Vs.7). Nos redimió del pecado que causa la separación de Dios y que al final conduce a la muerte. Como resultado, recibimos una naturaleza nueva y el perdón de nuestras iniquidades (2 Corintios 5:17; 1 Juan 1:9).

3.   El Espíritu Santo habita en nosotros. Nos guía, advierte y llena, por lo que siempre tenemos acceso a su consolación y dirección. Y porque Él también nos sella, nuestra vida eterna es segura (Vs.13).

4.  Nuestro Padre Celestial nos prepara una herencia imperecedera (1 Pedro 1:4). Podemos experimentar dificultades temporales, pero podemos vivir con la esperanza de que estaremos en la presencia de Dios por toda la eternidad, donde hay gozo y ningún sufrimiento.

Los creyentes en Cristo tenemos bendiciones espirituales maravillosas todo el tiempo.

♥ Reflexione en estos beneficios y exprese gratitud a Dios, aun en los momentos difíciles que pueda estar atravesando.

CONFESIÓN DE FE:

ESTOY PLENAMENTE CONVENCIDO QUE SIN LOS CUATRO DONES PERMANENTES, O REGALOS DE DIOS, ANTES MENCIONADOS, EL TEMOR Y EL VACÍO SERÍAN ABRUMADORES. POR TANTO, LE EXPRESARÉ SIEMPRE MI GRATITUD, AUN EN LOS PERIODOS DE DIFICULTAD.

ORACIÓN:

Padre Celestial, Elohim Chaiyim, Dios Viviente (Jeremías 10:10). Mi Dios y Señor Jehová eres el Dios verdadero; el Dios vivo y Rey eterno; estás vivo y eres el dador de vida, Padre Santo y Poderoso, has creado la vida y todo lo que vive, quieres dar vida eterna y abundante. Gracias Dios mío, gracias por esos dones inefables, que no tienen explicación en cuanto a la incondicionalidad con los que los repartes; ayúdame Señor a que yo pueda aplicarlos, no solo a mi vida, como una verdad de peso, sino también propagarlos en mi entorno, a mis semejantes. Gracias Señor Jesús, el Dios de mi Salvación, gracias mi Señor y mi Salvador por todas las bendiciones que puedo recibir a través tuyo, he orado en tu Poderoso Nombre ¡Amén!

Juan Manuel Lamus O.

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